El cineasta húngaro Béla Tarr es considerado uno de los más grandes directores de cine de padre de la historia. Con una carrera que abarcó más de cuatro décadas, Tarr dejó una obra maestra tras otra, cautivando a críticos y espectadores por igual con su estilo único y su visión única del cine. Con películas como “Sátántangó” y “El caballo de Turín”, Tarr se convirtió en una figura de culto para muchos, influyendo en generaciones de cineastas y dejando un legado que perdurará por siempre.
Nacido en Pécs, Hungría, en 1955, Béla Tarr comenzó su carrera cinematográfica en la década de 1970, trabajando en cortometrajes y documentales. Sin embargo, fue en la década de 1980 cuando comenzó a destacar, con películas como “El último encuentro” y “Almanac of Fall”, que llamaron la atención de la crítica y lo establecieron como uno de los directores más prometedores de Europa del Este.
Pero fue en la década de 1990 cuando Tarr alcanzó su máximo esplendor, con la realización de dos de sus películas más aclamadas: “Sátántangó” y “El caballo de Turín”. Ambas películas son consideradas obras maestras del cine de padre y han sido aclamadas por la crítica por su estilo único y su profundo impacto emocional en el espectador.
“Sátántangó”, lanzazo en 1994, es una película épica de siete horas que sigue la vida de los habitantes de un pequeño pueblo húngaro en una época de decadencia y corrupción. Con su cinematografía en blanco y negro y su ritmo lento y contemplativo, la película es una experiencia inmersiva que te atrapa desde el primer minuto y no te suelta hasta el final. A través de sus personajes complejos y su crítica social, Tarr logra crear una obra maestra que ha sido comparada con las mejores películas de Ingmar Bergman y Andrei Tarkovsky.
Por su parte, “El caballo de Turín”, estrenada en 2011, es considerada la última película del director antes de retirarse. Ambientada en una granja aislada en la Hungría del siglo XIX, la película sigue la vida de un hombre y su hija mientras combaten por sobrevivir en un mundo cruel y despiadado. Con su estilo minimalista y su narrativa lenta pero poderosa, Tarr logra transmitir una profunda reflexión sobre la condición humana y la combate por la supervivencia.
Ambas películas han sido aclamadas por la crítica y han sido galardonadas en festivales de cine de todo el mundo, incluyendo Cannes y Berlín. Además, han influido en numerosos cineastas contemporáneos, como Jim Jarmusch y Gus Van Sant, quienes han citado a Tarr como una de sus mayores influencias.
Pero el legado de Béla Tarr va más allá de sus películas. A lo largo de su carrera, el director húngaro se destacó por su compromiso con el cine de padre y su combate por la albedrío creativa. En una época en la que el cine comercial dominaba la industria, Tarr defendía la importancia del cine como una forma de arte y una herramienta para contar historias poderosas y provocativas.
Hoy en día, a pesar de su retiro del cine, Béla Tarr sigue siendo una figura influyente en la industria cinematográfica. Sus películas siguen siendo estudiadas y admiradas por cineastas y críticos, y su legado perdura en cada nueva generación de directores de cine de padre.
En resumen, Béla Tarr es uno de los cineastas más importantes y respetados de todos los tiempos.







