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Cadena de correos Bill Gates: la broma que se volvió viral

Cadena de correos Bill Gates: la broma que se volvió viral
Imagen: xataka.com. Uso informativo; los derechos pertenecen a su titular.

El origen de una broma que escapó de control

Durante los primeros años de Internet, la cadena de correos Bill Gates se convirtió en uno de los fenómenos más representativos de cómo un mensaje simple podía propagarse sin control a través de las redes de comunicación digital. En noviembre de 1997, un estudiante de Iowa State University llamado Bryan Mack decidió demostrar a un compañero que podía crear un correo engañoso más convincente que los típicos bulos de dinero fácil que circulaban en aquella época.

Mack tardó apenas tres minutos en redactar un mensaje que se haría legendario. El correo estaba firmado supuestamente por Bill Gates, cofundador de Microsoft, y prometía la distribución de 1.000 dólares a cada persona que formara parte de una cadena de 1.000 remitentes. La estrategia era sencilla pero efectiva: incluía una descripción de un programa ficticio capaz de rastrear automáticamente cada reenvío del mensaje a través de Internet. Este primer correo de la cadena de correos Bill Gates fue enviado a un amigo de Loras College en Dubuque, Iowa, con el asunto "bill gates here".

Cómo una broma se convirtió en un fenómeno incontrolable

Lo que comenzó como una simple broma entre universitarios pronto adquirió vida propia. El amigo de Mack decidió reenviarlo, considerándolo una ocurrencia divertida. En cuestión de días, personas completamente desconocidas comenzaron a contactar a Mack para solicitar información sobre el dinero prometido. Después de las vacaciones de Acción de Gracias, cuando Mack regresó a la universidad, encontró su cuenta de correo completamente saturada con aproximadamente un gigabyte de mensajes acumulados.

Desde ese momento, la cadena de correos Bill Gates dejó de pertenecer a su creador. El mensaje original circulaba independientemente, modificándose en el camino. Dos semanas después de que Mack descubriera la avalancha de correos, recibió versiones alteradas de su propia creación. En estas nuevas versiones, su nombre había desaparecido completamente, el remitente aparecía como "gatesbeta@microsoft.com" y la oferta se había ampliado para incluir, además de los 1.000 dólares, una copia gratuita de Windows 98.

Mutaciones de la cadena: marcas globales involucradas

El fenómeno de la cadena de correos Bill Gates no se limitó a variaciones menores. Con el paso del tiempo, aparecieron decenas de versiones distintas que incorporaban nombres de importantes marcas globales. Walt Disney Jr., IBM, Nokia, Honda, British Airways, Coca-Cola y Gap figuraban en diferentes versiones como presuntos remitentes dispuestos a distribuir dinero y premios a cambio de participar en estas cadenas.

En 1999, una variante particularmente persistente afirmaba que Honda recompensaría a cada participante con 200 dólares de crédito por cada amigo al que reenviara el mensaje. Supuestamente, un programa especial podía rastrear el recorrido del correo a través de Internet. Honda tuvo que emitir un desmentido oficial negando cualquier relación con esta promoción, pero incluso después de la declaración de la empresa, algunos destinatarios intentaron reclamar el dinero mediante llamadas telefónicas.

El desmentido que no logró detener la propagación

Ni siquiera la intervención directa de Bill Gates frenó la propagación de la cadena de correos Bill Gates. En marzo de 1998, apenas cuatro meses después de que Mack creara el mensaje original, el propio Gates calificó públicamente el correo de "hooey", término coloquial que significa patraña o disparate. A pesar de este desmentido de la máxima autoridad, el mensaje continuó circulando de bandeja de entrada en bandeja de entrada, saltando de un usuario a otro sin cesar.

Años después, investigadores entrevistaron a varias personas que habían participado en la distribución de la cadena para comprender por qué seguían reenviando mensajes cuya falsedad era evidente. Las respuestas fueron reveladoras: algunos confiaban implícitamente en quién les había enviado el correo, otros calculaban que no tenían nada que perder al reenviarlo, y hubo quienes consideraban técnicamente plausible que Microsoft pudiera implementar un programa capaz de rastrear correos electrónicos a través de Internet.

La falta de literacidad técnica como factor clave

La incompresión sobre las capacidades técnicas reales del correo electrónico fue identificada posteriormente por Microsoft como uno de los ingredientes fundamentales que permitió que la cadena de correos Bill Gates se propagara tan eficientemente. A finales de los años 90, muchos usuarios de Internet aún desconocían qué podía hacer realmente un correo electrónico y qué era imposible que hiciera. Esta brecha de conocimiento técnico creó un terreno fértil para que los bulos prosperaran.

La arquitectura de Internet en aquella época amplificaba este problema. Los mecanismos de verificación de identidad eran rudimentarios, las direcciones de correo podían falsificarse con relativa facilidad, y no existían sistemas de autenticación como los que empleamos hoy. Además, el simple acto de reenviación era lo más sencillo del mundo: un clic, y el mensaje continuaba su camino hacia nuevos destinatarios.

Un viral antes de que existieran las redes sociales

La cadena de correos Bill Gates representa un momento fascinante en la historia de Internet: la creación del primer viral masivo antes de que existieran plataformas como Facebook, Twitter o TikTok. Bryan Mack había puesto en circulación apenas unas pocas líneas de texto, pero Internet las transformó en algo vivo, en constante evolución, capaz de cambiar y mutarse sin perder su identidad fundamental.

Lo más interesante es que nadie controlaba centralmente el proceso de transformación. Las firmas automáticas añadidas por algunos clientes de correo conferían una apariencia de autoridad adicional a ciertas copias. Diferentes variantes se mezclaban, se modificaban, se combinaban. Algunas versiones conseguían propagarse mucho más rápidamente que otras, siguiendo patrones de viralidad que nadie había planificado deliberadamente. Años antes de que los algoritmos de las redes sociales comenzaran a amplificar contenido, Internet había encontrado un mecanismo orgánico para crear fenómenos virales: bastaría con que cada receptor decidiera reenviárselo a alguien más.

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